República Dominicana, una variedad que encanta!!

Lejos de limitarse a complejos de playa, la República Dominicana es uno de los países más variados del Caribe, con una evocadora historia colonial y un pueblo cálido y hospitalario.

La República Dominicana está marcada por sus cientos de kilómetros de costa, algunos con pintorescas playas de arena blanca a la sombra de las palmeras, otras bordeadas espectacularmente por acantilados rocosos.

Límite y vía de escape, el mar es el denominador común entre los pueblos pesqueros, cuyas orillas se han utilizado tanto para amarrar barcos como para levantar patios de recreo para turistas, pequeñas localidades y ciudades como Santo Domingo, la más grande del Caribe y el primer asentamiento europeo fundado en el Nuevo Mundo. Fuera de la capital, buena parte del país es claramente rural.

Más hacia el interior se obtienen vistas que recuerdan al paisaje de los Alpes; de hecho, cuatro de los cinco picos más altos del Caribe se alzan sobre las fértiles tierras bajas que circundan Santiago. En el suroeste del país se extienden remotos desiertos que la dotan de una complejidad inusitada en otras islas.

Y su agitado pasado se refleja en su variedad étnica, por no hablar del diseño arquitectónico de sus pueblos y ciudades.

LO COLONIAL DE SANTO DOMINGO

Si se siente fascinación por los orígenes del Nuevo Mundo y por la dramática y compleja historia en torno al primer encuentro entre el pueblo autóctono y los europeos, la Zona Colonial, reconocida por la Unesco, es un lugar magnífico para explorar. Con calles adoquinadas y mansiones bellamente restauradas, es fácil imaginar el barrio más emblemático de Santo Domingo convertido en sede del Imperio español en el s. XVI. Pasado y presente coexisten con armonía: basta con seguir los pasos de piratas y conquistadores antes de comprar el último éxito del merengue patrio.

LAS 27 CASCADAS DE DAMAJAGUA

 

El circuito guiado por estas cascadas es para los viajeros la experiencia más alucinante que ofrece el país. Tras un breve trayecto por carretera desde Puerto Plata, un arduo chapoteo hasta la orilla opuesta del río y una caminata por la exuberante selva, se llega al destino. Para vivir de verdad este espectacular paraje hay que vadear pozas cristalinas, nadar por estrechos cañones, abrirse paso entre la jungla y escalar rocas, trepar por cuerdas y remontar escaleras en los estruendosos saltos de agua. Pero, con todo, lo más divertido está en el trayecto de vuelta, pues hay que saltar y deslizarse por las cascadas, con caídas de hasta 10 metros.

BAYAHIBE UN PARAÍSO PARA EL BUCEO

Aguas cristalinas, boyantes arrecifes y mucha vida marina convierten este pueblo costero cerca de La Romana, en el sureste, en el mejor destino de buceo del país. Hay servicios en barco a las islas de Saona y Catalina, y sus aguas atesoran un pecio inmejorable, el St George. Además, los buceadores verán todas sus necesidades atendidas y podrán disfrutar de la oportunidad de navegar durante unas horas en un barco tradicional de pesca.

LAS GALERAS, UNA ESCAPADA ÚNICA

Enclavado en el extremo oriental de la península de Samaná, este tranquilo pueblo de pescadores supone una escapada única. Y al tratarse de un lugar apenas turístico –y por ende, menos urbanizado–, sus contornos deparan algunos de los paisajes más atractivos de la isla. Las cimbreantes palmeras rodean playas que parecen un plató de rodaje, y las olas rompen contra acantilados de difícil acceso. Se recomienda ver el atardecer al menos una vez desde el restaurante El Cabito, donde quizá se avisten ballenas migratorias y delfines.