Aguas Milagrosas en el Desierto

Con el título de la región más árida del mundo, Atacama seduce a sus visitantes con géiseres  activos dunas de arena que nada les piden a las de Oriente Medio y las noches más estrelladas del planeta. El desierto, que ocupa cerca de 14% del territorio chileno, apenas conoce la lluvia, pero su carencia de agua se compensa con postales que se antojan como de otro mundo. Una de ellas, camuflada entre volcanes altiplánicos y salares que se extienden hasta el horizonte, es protagonizada por la laguna Céjar, un oasis salado con propiedades curativas. FLOTAR SIN ESFUERZO.

Céjar se presenta en el corazón del desierto como un espacio doblemente milagroso. Primero, por la simple presencia de agua, un bien prácticamente inexistente en la región y, segundo por su alta salinidad, que si bien priva de potabilidad a la laguna, también la dota de su principal atractivo: aun contra toda voluntad, los cuerpos flotan gracias a su concentración de sal y litio superior a la del mar Muerto. OTRAS BONDADES.

 

Si bien uno de los estanques naturales de la laguna se ha convertido en una especie de balneario imposible, el resto es territorio exclusivo de flamencos. En la aridez de Atacama, una tierra inhóspita por encima de los 2300 metros de altitud, la biodiversidad se cuenta con las manos. En ese contexto, encontrar vida silvestre que no tenga relación alguna con llamas y guanacos es otra especie de milagro. Aquí puedes ver con frecuencia dos de las tres variedades de flamencos que habitan el país: chilenos y andinos. EL VIAJE. La laguna se encuentra a unos 20 kilómetros al sur del pueblo de San Pedro de Atacama. Varias compañías ofrecen recorridos vespertinos todos los días. También es posible rentar una bici; el recorrido, sin prisas toma una hora y cuarto. MARCK GUTTMAN

NATIONAL GEOGRAPHIC TRAVELER ° MAYO DE 2016

Contactanos para vivir la experiencia
Siguenos en Facebook Siguenos en Instagram