Siempre será bienvenido en Escocia

 

Pese a su reducido tamaño, el territorio escocés esconde innumerables tesoros: cielos inmensospaisajes solitarios, una naturaleza espectacular, excelente marisco y gentes que son todo sensatez y hospitalidad.

Si eres amante de las aventuras esto es para ti…

En Escocia se hallan algunas de las zonas vírgenes más extensas de Europa Occidental. Se trata de un paraíso natural que permite observar el vuelo de las águilas reales sobre los lagos y las montañas de las Highlands  septentrionales, las nutrias jugar con las algas de las Hébridas Exteriores y los rorcuales aliblancos abalanzarse sobre los bancos de caballa de las costas de Mull. También se pueden vivir grandes aventuras al aire libre: vagabundear por la tundra montañosa de los Cairngorm, hacer equilibrios por las crestas rocosas de los Cuillin, remar entre focas por las Hébridas Exteriores o surcar en lancha las aguas rebeldes del remolino de Corryvreckan.

Una historia turbulenta

En Escocia, los recuerdos del pasado impregnan cada rincón; no hay más que ver las pequeñas fincas abandonadas en las orillas de las islas, los páramos donde en su día se libraron batallas o las cuevas en las que se ocultó el príncipe Carlos Eduardo Estuardo. Cientos de castillos, desde las sencillas e imponentes torres de Hermitage y Smailholm hasta las hermosas fortalezas con matacanes de Caerlaverock y Craigmillar, dan testimonio de la turbulenta historia del país.

El sabor de Escocia

Cada vez más visitantes descubren que los restaurantes escoceses se han quitado de encima esa reputación de servicio rudo y comida frita; hoy pueden competir con los mejores establecimientos de Europa. En los últimos años, han empezado a apostar por productos regionales de calidad, y así se puede comer marisco fresquísimo, ternera y ciervo de las granjas cercanas y verduras del propio huerto. Y para rematar, nada como una copita de whisky puro de malta, rico, evocador y complejo; el auténtico sabor de Escocia.

Cultura

Ya sea la poesía de Robert Burns, la ficción criminal de Ian Rankin o las canciones de Emeli Sandé, la cultura de Escocia es tan apreciada en el mundo como el whisky y el tartán. Sin embargo, nada es comparable a leer los poemas de Burns en su pueblo natal, disfrutar de una novela del inspector Rebus en el Edimburgo de Rankin o corear las canciones de los grupos escoceses que actúan en el festival T in the Park. En museos como el Kelvingrove de Glasgow, el Discovery Point de Dundee y el Maritime de Aberdeen se recuerda la influencia que los artistas, ingenieros, exploradores, escritores e inventores escoceses ejercieron en el mundo.